2025-02-052025-02-05http://hdl.handle.net/11634/65185El rápido trasegar de la vida ha traspasado los ritmos habituales de aprendizaje en el tiempo y en el modo de tradicionales. La rápida llegada y lenta partida de la reciente pandemia por la que aún atraviesa la humanidad nos arroja indicios suficientes sobre la urgencia de aprender a adaptarse a las circunstancias a todos los niveles. El temor al cambio, arraigado de manera diferente en cada uno de los momentos de la vida, requiere posturas rápidas para responder a las grandes transformaciones humanas. Educar para el cambio, para la adaptación a la vida como sea que se presente; aprender a pensar rápido para responder con calma, y tantas otras grandes convicciones que la educación nos presenta tan a menudo, ya no dan espera. Las crisis llegan cada vez más pronto y se suceden con mayor rapidez, la novedad es cada vez más inmediata y la caducidad también; la innovación clama cada vez más por un estilo de aprendizaje más que por la resolución de un problema puntual. Este panorama nos interpela a todos por una educación más reflexiva y crítica, pero a la vez innovadora y permanente; la investigación y la reflexión en los trabajos académicos y en las prácticas educativas requieren una adecuada divulgación que favorezca su visibilidad e impacto.application/pdfDerechos de autor 2022 Universidad Santo Tomáshttps://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0/Editorialinfo:eu-repo/semantics/article