La paz navega entre la gobernanza territorial y la gobernanza criminal: reflexiones estratégicas para la región de llanura Amazónica del Putumayo

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Arcos Caicedo, Jorge Andres

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Universidad Santo Tomás

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El presente artículo se enmarca en el análisis crítico de la consolidación territorial en contextos donde las comunidades han debido asumir históricamente cargas derivadas de la ausencia estatal, la violencia armada y la imposición de órdenes ilegales. A partir del estudio de la región de El municipio de Valle del Guamuez, en el departamento de Putumayo, representa uno de los escenarios más complejos de la construcción de paz en Colombia. Desde la firma del Acuerdo de Paz de 2016 entre el Gobierno colombiano y las FARC-EP, esta región ha vivido una paradoja estructural: mientras el Estado ha intentado fortalecer la institucionalidad mediante programas de sustitución de cultivos ilícitos, reparación integral a las víctimas y presencia institucional, al mismo tiempo se ha profundizado la presencia de economías ilegales y actores armados que imponen normas, control social y regulaciones económicas propias. Esta dualidad configura una forma de gobernanza híbrida, en la que la gobernanza territorial del Estado coexiste y compite con una gobernanza criminal que, de facto, influye en las relaciones sociales y económicas locales (Mampilly, 2011; Abrahamsen & Williams, 2009). Putumayo es un territorio de alta diversidad étnica y cultural, donde habitan al menos 15 pueblos indígenas, entre ellos los pueblos Inga, Kichwa, Awá, Siona, Cofán y Nasa, que conforman una pluralidad de normas y prácticas comunitarias que interactúan con las dinámicas del conflicto armado (CIDH, 2018). En Valle del Guamuez, estas comunidades conviven con campesinos, víctimas del conflicto y poblaciones urbanas en medio de una intensa disputa por el control territorial. La expansión de los cultivos ilícitos desde 2016 ha reforzado el poder de actores armados ilegales, convirtiendo a municipios como Valle del Guamuez, Puerto Asís y Orito en nodos estratégicos de la economía cocalera y del narcotráfico, prolongando patrones de violencia y economías ilegales que han caracterizado al Putumayo por décadas (UNODC, 2022). Las inspecciones de El Tigre y El Placer ilustran con claridad esta tensión entre órdenes de poder. Estos centros poblados han sido históricamente espacios de regulación social por parte de estructuras armadas ilegales, donde se han impuesto horarios, normas de convivencia y mecanismos de justicia paralela. Aunque el Estado mantiene presencia institucional, su capacidad real de gobernanza se ve limitada frente al poder económico y coercitivo generado por las economías ilícitas, condición que algunos estudios han identificado como un rasgo de gobernanza criminal cuando actores armados alternativos asumen funciones que el Estado no logra consolidar (Muggah & Aguirre, 2018; Felbab-Brown, 2010). Desde 2016, la superficie sembrada con coca en Putumayo ha aumentado de manera sostenida, superando las 50.000 hectáreas en algunos años recientes, lo que ha fortalecido la capacidad de los grupos armados para financiar su control territorial (UNODC, 2022). Al mismo tiempo, más de 20.000 familias del departamento se han vinculado a programas de sustitución voluntaria de cultivos ilícitos, reflejando que el territorio es también un escenario de resistencia social y búsqueda de alternativas legales. Esto coincide con hallazgos en estudios de desarrollo rural que señalan que los programas de sustitución pueden generar efectos sociales positivos cuando se articulan con fortalecimiento institucional y garantías efectivas de mercados legales (Thoumi, 2013; Rueda & Mesa, 2021). Esta convivencia entre legalidad e ilegalidad, entre presencia institucional y control armado, configura una gobernanza híbrida en la que la paz no puede entenderse únicamente como el silencio de los fusiles, sino como la disputa por quién gobierna el territorio, quién define las reglas y quién garantiza los derechos, concepto sostenido por autores que estudian la paz territorial en contextos de post-acuerdo (Richani, 2013; Aguilera et al., 2020). En Valle del Guamuez, y particularmente en El Tigre y El Placer, la paz navega entre estas dos lógicas: una orientada al desarrollo, la participación y la legalidad, y otra sostenida por economías ilícitas, coerción armada y control social. Comprender esta tensión es clave para diseñar estrategias de reconciliación, convivencia y gobernanza territorial que respondan a la complejidad real del territorio.

Abstract

This article is framed within a critical analysis of territorial consolidation in contexts where communities have historically been forced to assume burdens derived from state absence, armed violence, and the imposition of illegal orders. The municipality of Valle del Guamuez, in the department of Putumayo, represents one of the most complex scenarios of peacebuilding in Colombia. Since the signing of the 2016 Peace Agreement between the Colombian government and the FARC-EP, this region has experienced a structural paradox: while the state has attempted to strengthen institutional presence through programs for the substitution of illicit crops, comprehensive victim reparation, and public service provision, the presence of illegal economies and armed actors imposing their own norms, social control, and economic regulations has simultaneously deepened. This duality constitutes a form of hybrid governance, in which state territorial governance coexists and competes with criminal governance that, in practice, shapes local social and economic relations (Mampilly, 2011; Abrahamsen & Williams, 2009). Putumayo is a territory of high ethnic and cultural diversity, home to at least fifteen Indigenous peoples, including the Inga, Kichwa, Awá, Siona, Cofán, and Nasa, who sustain a plurality of norms and community practices that interact with the dynamics of armed conflict (CIDH, 2018). In Valle del Guamuez, these communities coexist with peasant populations, conflict victims, and urban residents amid an intense struggle for territorial control. The expansion of illicit crops since 2016 has reinforced the power of illegal armed groups, turning municipalities such as Valle del Guamuez, Puerto Asís, and Orito into strategic nodes of the coca economy and drug trafficking, thus prolonging patterns of violence and illegal economies that have characterized Putumayo for decades (UNODC, 2022). The settlements of El Tigre and El Placer clearly illustrate this tension between competing orders of power. These communities have historically been spaces of social regulation by illegal armed structures, where curfews, rules of coexistence, and mechanisms of parallel justice have been imposed. Although the state maintains an institutional presence, its real capacity to govern is limited by the economic and coercive power generated by illicit economies — an attribute that some studies identify as a defining feature of criminal governance, when alternative armed actors assume functions the state fails to consolidate (Muggah & Aguirre, 2018; Felbab-Brown, 2010). Since 2016, the area cultivated with coca in Putumayo has increased steadily, surpassing 50,000 hectares in some recent years, which has strengthened the capacity of armed groups to finance their territorial control (UNODC, 2022). At the same time, more than 20,000 families in the department have joined voluntary crop substitution programs, reflecting that the territory is also a space of social resistance and the search for legal alternatives. This aligns with findings in rural development studies, which show that substitution programs can generate positive social effects when they are linked to institutional strengthening and effective guarantees of access to legal markets (Thoumi, 2013; Rueda & Mesa, 2021). This coexistence of legality and illegality, of institutional presence and armed control, constitutes a hybrid governance in which peace cannot be understood merely as the silence of guns, but as a struggle over who governs the territory, who defines the rules, and who guarantees rights — a concept advanced by scholars of territorial peace in post-agreement contexts (Richani, 2013; Aguilera et al., 2020). In Valle del Guamuez, and particularly in El Tigre and El Placer, peace navigates between two logics: one oriented toward development, participation, and legality, and another sustained by illicit economies, armed coercion, and social control. Understanding this tension is key to designing strategies for reconciliation, coexistence, and territorial governance that respond to the real complexity of the territory.

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spa

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Citación

Arcos Caicedo, J. A. (2026) La paz navega entre la gobernanza territorial y la gobernanza criminal: Reflexiones estratégicas para la región de Abades (Nariño) y la Llanura Amazónica del Putumayo [Tesis de posgrado] Universidad Santo Tomás, Bucaramanga, Colombia

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